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Estrategia 2026: las fuerzas que mueven los mercados

Presentamos las tres fuerzas que, a nuestro juicio, moverán los mercados en 2026 —inflación, inteligencia artificial y liquidez— y un primer análisis del impacto de la intervención de Estados Unidos en Venezuela.

En la primera nota de análisis del año, normalmente realizamos una presentación de la estrategia para el ejercicio que comienza. Como es habitual, la estrategia se verá afectada por los posibles impactos de la realidad, pero ello no resta importancia a poner negro sobre blanco cuáles pensamos que serán los principales motores que moverán los mercados financieros durante el año. Esta afirmación cobra más relevancia que nunca cuando, el día 3 de enero, ya hemos tenido una noticia con un potencial impacto significativo: la intervención y captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos.

Volvemos al inicio. Presentaremos cuáles creemos que serán las fuerzas que más moverán los mercados y, posteriormente, intentaremos ofrecer un primer análisis de cómo los acontecimientos de Venezuela pueden afectar a los mercados financieros. Aquí no realizamos valoraciones geopolíticas, de derecho internacional ni ideológicas; únicamente analizamos cómo los hechos pueden impactar en los mercados y, por tanto, en nuestras recomendaciones de inversión.

A la hora de definir nuestra estrategia de inversión para este 2026, lo primero que hacemos es determinar qué factores pueden tener un mayor impacto en los mercados. Nos centraremos principalmente en Estados Unidos, ya que es el mercado que “dirige” al resto. En 2025 han sido tres los grandes motores: la tecnología basada en la inteligencia artificial, los beneficios empresariales y el establecimiento de aranceles al comercio internacional por parte de la administración Trump. De cara a 2026, y tomando como referencia este pasado reciente, creemos que aquello que más moverá los mercados será, por este orden: la inflación, el impacto de la IA en la productividad y la liquidez.

1) Inflación y política monetaria

La inflación y, consecuentemente, la política monetaria —las decisiones sobre los tipos de interés— siempre tienen un gran impacto en los mercados. Pero pensamos que este año dicho impacto puede ser aún mayor. Si observamos los datos, desde junio de 2024 la inflación estadounidense no ha superado la línea del 3%. A pesar de que la mayoría de los analistas consideraban que los aranceles de Trump tendrían un fuerte impacto inflacionista, la realidad no les ha dado la razón.

De hecho, la Reserva Federal (FED) ha pasado gran parte de 2025 analizando si los aranceles tenían o no un efecto inflacionista antes de decidir si iniciaba bajadas de tipos. Finalmente, y bajo una fuerte presión por parte de Trump, lo ha hecho, aunque todavía de forma tímida, en nuestra opinión.

Si en los próximos meses la inflación se dirige hacia el 2%, la FED no tendrá más remedio que bajar los tipos, lo que impulsaría los mercados de renta variable. Por el contrario, si la inflación supera la barrera del 3%, por muy cercano que sea el nuevo presidente de la FED a Trump, creemos que la institución o bien no bajará los tipos o incluso podría subirlos, perjudicando la evolución bursátil. Por tanto, la estrategia en este ámbito pasará por observar cómo evolucionan los principales componentes de la inflación: consumo (impacto arancelario), alquileres, empleo, energía, etc. En relación con el consumo, el principal socio comercial de Estados Unidos, China, lleva más de dos años exportando deflación, es decir, productos cada vez más baratos. En cuanto a los alquileres, estos han empezado a bajar gracias al impulso constructivo de los últimos años en Estados Unidos. Respecto al empleo, este se ha mostrado muy débil en los últimos meses, lo que, por un lado, perjudica al consumo y es desinflacionista, pero que, por otro, puede empujar a la FED —dentro de su doble mandato de control de la inflación y pleno empleo— a estimular la creación de puestos de trabajo mediante bajadas de tipos. En el ámbito de la energía, la voluntad de Estados Unidos de controlar el petróleo venezolano (las primeras reservas mundiales, por delante de Arabia Saudí) ya está impulsando a la baja el precio del crudo. El precio de la energía fósil marca el suelo del precio de la energía renovable.

Con todo ello, creemos que 2026 puede ser un año de desaceleración de la inflación, con un impacto positivo en los mercados financieros. La consiguiente bajada de tipos de interés podría convertirse en un motor alcista para las bolsas. No obstante, hay que tener en cuenta el fuerte crecimiento de la economía estadounidense (4,3% en el tercer trimestre). Si este crecimiento resultara inflacionista, el escenario podría cambiar.

2) Inteligencia artificial y productividad

Creemos que seguimos inmersos en una revolución tecnológica e industrial basada en la inteligencia artificial. Hasta ahora, las principales empresas vinculadas al desarrollo de la IA (chips, hardware, software, centros de datos, etc.) han sido las grandes beneficiadas. Sin embargo, más pronto que tarde, la difusión de la IA se extenderá a la mayoría de los sectores económicos, con dos consecuencias principales: un aumento de la inversión en IA y un incremento de la productividad.

Tal como hemos comentado en otras ocasiones en estas notas de análisis, cuando Microsoft desarrolló Excel, la primera beneficiada fue la propia empresa. No obstante, a medida que el resto de las compañías sustituyeron las calculadoras por la hoja de cálculo, su productividad fue aumentando. Pensamos que con la IA ocurrirá un proceso similar.

Si se compara la evolución de la productividad del sector tecnológico estadounidense con la del sector no tecnológico, se observa cómo, a medida que se ha desarrollado la IA, el sector tecnológico ha experimentado aumentos de productividad, de beneficios y, en consecuencia, de ganancias bursátiles. Ciertamente, las valoraciones son elevadas, pero también lo son los beneficios.

En cambio, en el sector no tecnológico la productividad está más estancada. Pensamos que la difusión de la IA al resto de la economía puede impulsar la productividad y actuar como motor alcista. Aquí es donde deberemos ser especialmente tácticos a la hora de analizar qué sectores pueden resultar más beneficiados. Uno de los que presenta mayor potencial es el sector financiero, por la sinergia que puede generarse entre la IA, el blockchain y el establecimiento de sistemas de pago basados en stablecoins.

3) Liquidez

Seguimos con niveles de liquidez muy elevados. Hay mucho dinero “aparcado” en depósitos o en renta fija de corto plazo. Es una situación comprensible: en Estados Unidos, hasta ahora, los tipos de interés han sido altos y han permitido obtener rendimientos reales positivos sin riesgo. A medida que los tipos bajen, ese dinero deberá buscar rentabilidad en activos de mayor riesgo.

Por otro lado, las principales economías mundiales (Estados Unidos, China, Unión Europea y Japón) han puesto en marcha planes de estímulo económico. Estos planes suelen beneficiar en mayor medida a las grandes empresas, que son las que cotizan en los mercados financieros. Ciertamente, estos estímulos se financian con deuda pública, lo que nos recuerda que debemos mantener un ojo puesto en una futura posible crisis de deuda, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones.

Por tanto, de cara a 2026, más allá de noticias puntuales o impactos sobrevenidos, creemos que las fuerzas que moverán los mercados serán la inflación y la difusión de la IA en el tejido empresarial, siempre que haya “gasolina”, es decir, liquidez. Con estos escenarios en mente, vamos seleccionando aquellos activos que mejor pueden aprovechar cada situación.

¿Cuáles son los riesgos?

Para nosotros, el principal riesgo es que la inflación no baje o que los estímulos monetarios acaben desembocando en una crisis de deuda. En los últimos 20 años, la deuda mundial sobre el PIB ha aumentado un 30% y ya roza el 95%. Tarde o temprano, alguien puede cuestionar si todo este endeudamiento es sostenible, lo que podría derivar en una crisis.

Asimismo, hemos señalado que uno de los motores de 2025 ha sido el crecimiento de los beneficios empresariales. Si estos no mantienen un ritmo tan elevado, podría producirse alguna corrección. Es pertinente abordar esta cuestión, ya que uno de los temores más extendidos durante el segundo semestre de 2025 ha sido la posibilidad de una burbuja en la IA a punto de estallar. Nosotros creemos, y lo hemos repetido en varias ocasiones, que todavía no nos encontramos en una fase de burbuja. Las valoraciones son altas, pero, de momento, los beneficios han acompañado.

Una burbuja se produce cuando las cotizaciones —las expectativas— se disparan, pero los beneficios —la realidad— no lo hacen. Creemos que aún no estamos en ese punto. Es posible que lleguemos a él, pero todavía no. Además, dentro del sector tecnológico seguimos viendo ganadores y perdedores; por definición, en una burbuja todo sube, y ese no es aún el caso.

Conviene tener presente, no obstante, que existen muchas empresas tecnológicas y de IA que no cotizan en bolsa. En los mercados privados ya comienzan a observarse valoraciones totalmente desconectadas de su capacidad de generar beneficios. En el private equity y el private credit es donde pensamos que podría producirse algún sobresalto, con posible contagio a los mercados bursátiles. Además, debemos considerar qué podría suceder si muchas de estas empresas salieran a bolsa de forma simultánea (OpenAI, Anthropic, SpaceX…). ¿Habrá suficiente capital para todas? ¿O parte de la inversión actual en bolsa se desplazará hacia estas salidas a bolsa, presionando a la baja otros activos?

Ante estos escenarios de riesgo, hemos ido preparando planes de contingencia con activos que puedan ayudar a proteger el patrimonio o a aprovechar oportunidades.

Venezuela

El 3 de enero de 2026 se produjo una intervención militar de Estados Unidos en Caracas, capital de Venezuela, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro. Es pronto para valorar cuál puede acabar siendo el impacto geopolítico internacional de este hecho, pero en los días inmediatamente posteriores no hemos observado un impacto negativo en los mercados. Por el momento, el mercado no parece especialmente preocupado por este acontecimiento y continúa centrado en otras cuestiones.

No obstante, existen factores con potenciales consecuencias. Trump ya ha manifestado su voluntad de controlar el país y, en especial, el petróleo venezolano. Si esto se materializa, podría beneficiar al sector energético estadounidense y provocar una caída del precio de la energía por un aumento de la oferta, lo que podría presionar a la baja la inflación a medio plazo. Sin embargo, habrá que ver cómo se gestiona esta transición, que no está exenta de riesgos, tanto políticos como económicos. Seguimos atentamente la situación y, si consideramos necesario modificar nuestras recomendaciones, se lo haremos saber oportunamente.

¡Muy buena entrada de año!

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