En la nota de análisis del mes pasado señalábamos que, en relación con el conflicto entre Estados Unidos/Israel e Irán, el factor clave para los mercados financieros —y, por tanto, para nuestra estrategia— era y sigue siendo doble: hasta qué nivel puede llegar el precio del petróleo y durante cuánto tiempo se puede sostener esa subida. Esta dinámica depende esencialmente de la situación en el estrecho de Ormuz, por el que transita aproximadamente una quinta parte de las exportaciones globales de petróleo y gas.
Ante el flujo constante de noticias sobre el conflicto, hemos centrado el análisis en cómo los movimientos de las partes implicadas se trasladan al precio del petróleo. En este contexto, y salvo en casos puntuales con perfiles de riesgo muy elevado, nuestras recomendaciones han sido limitadas, especialmente en carteras estructuradas principalmente con fondos de inversión.
El primer motivo es operativo: los fondos tradicionales no están diseñados para operativa táctica de corto plazo. Intentar aprovechar movimientos rápidos de mercado con instrumentos que requieren varios días para ejecutar órdenes puede ser contraproducente. Cuando se materializa una venta, a menudo ya se ha asumido una parte relevante de la caída, y cuando se vuelve a entrar en el mercado, buena parte de la recuperación ya se ha producido. De hecho, esto ya ha sucedido recientemente, con la mayoría de activos volviendo a niveles similares a los previos al conflicto tras una recuperación muy rápida a raíz del anuncio del alto el fuego.
El segundo motivo es estratégico. Nuestra visión es que no nos encontramos ante un conflicto estructuralmente prolongado en lo que respecta al cierre del estrecho de Ormuz. La economía global difícilmente podría sostener un petróleo por encima de los 110 dólares durante meses sin provocar un repunte significativo de la inflación y, con alta probabilidad, una recesión global.
Además, tampoco sería una situación políticamente asumible para la administración Trump en un año de elecciones de medio mandato (midterms). Unos precios energéticos elevados y sostenidos erosionarían claramente las opciones electorales del Partido Republicano, especialmente teniendo en cuenta que la inflación, una vez trasladada a la economía real, es difícil de revertir.
En este sentido, nos reafirmamos en nuestra hipótesis de que el conflicto no se cronificará. El acuerdo de alto el fuego de dos semanas y el inicio de las negociaciones (a pesar de no haber fructificado todavía) apuntan en esta dirección. Es previsible que el proceso incluya episodios de volatilidad y rupturas temporales, pero la dinámica general parece encaminarse hacia una resolución.
Si este escenario se confirma, consideramos acertado no haber modificado de manera significativa la estrategia de las carteras de fondos. Los factores estructurales favorables para la renta variable, ya identificados a principios de año, se mantienen intactos:
- La revolución de la inteligencia artificial y su impacto en la productividad
- La solidez de la economía estadounidense
- El crecimiento sostenido de los beneficios empresariales
- Un entorno de tipos de interés relativamente bajos en Europa
En cuanto a la renta fija, aunque todos los tramos se han visto afectados, consideramos adecuada la estrategia de haber mantenido duraciones cortas. El aumento de las expectativas de inflación ha presionado al alza los tipos de interés, afectando especialmente a los bonos de medio y largo plazo. La posición en fondos y ETFs de corto y muy corto plazo ha permitido limitar el impacto en carteras conservadoras y moderadas.
¿Y el próximo trimestre?
Como hemos comentado, la evolución de los mercados dependerá fundamentalmente de la duración de las tensiones en el estrecho de Ormuz y, en consecuencia, del comportamiento de los precios energéticos.
Nuestro escenario central contempla una progresiva normalización, con reapertura del tránsito marítimo a medida que avancen las negociaciones. Además, hay factores adicionales que contribuyen a relajar la oferta:
- Incremento significativo de la capacidad de exportación de Arabia Saudí vía el mar Rojo
- Utilización de reservas de la Agencia Internacional de la Energía
- Relajación de sanciones a Rusia en diversos países (excepto Europa)
Si el petróleo se mantiene por debajo de los 100 dólares e inicia una tendencia descendente, consideramos probable que el mercado consolide este escenario en las próximas semanas, a pesar de posibles episodios de volatilidad asociados a las negociaciones.
Desde el punto de vista estratégico, la clave es determinar si el mercado se mantiene en fase correctiva o retoma la tendencia alcista. Si se confirma nuestro escenario, el foco volverá a los fundamentales macroeconómicos y empresariales, que continúan siendo sólidos.
De hecho, en algunos casos han mejorado:
- Las valoraciones han corregido significativamente, especialmente en el sector tecnológico estadounidense
- El PER forward se ha reducido hasta niveles comparables a los de 2019
- Las empresas cotizan, en muchos casos, por debajo de los niveles previos al conflicto
Además, no descartamos la recuperación de uno de los principales motores de mercado: las bajadas de tipos por parte de la Reserva Federal. Aunque el reciente aumento del precio de la energía pueda tensionar puntualmente el IPC, la tendencia de fondo de la inflación continúa siendo descendente, especialmente por la moderación de componentes clave como los alquileres.
En este contexto, nuestra estrategia para el segundo trimestre de 2026 será, inicialmente, continuista. Los sectores y regiones ya presentes en cartera mantienen sus fundamentos. Paralelamente, identificaremos oportunidades en activos, sectores y geografías que se beneficien de este entorno y plantearemos rotaciones selectivas.
En renta fija, la corrección reciente abre una oportunidad para aumentar exposición en tramos cortos y medios.
¿Y si nos equivocamos?
Si el conflicto derivara en una nueva escalada, habría que analizar su naturaleza. No todos los escenarios tienen el mismo impacto: una intervención decisiva de EE. UU. podría incluso reducir el precio del petróleo si restablece el control del flujo de petróleo.
En cambio, un escenario adverso en el que no se recupere el control del estrecho exigiría una respuesta defensiva clara.
En renta variable
- Reducción significativa de la exposición
- Concentración en activos y sectores que se beneficien de un entorno de estanflación
En renta fija
- Reducción adicional de la duración
- Focalización en instrumentos monetarios y de muy corto plazo
- Posible incorporación de estrategias que se beneficien de caídas en el precio de los bonos
La señal que miraremos primero sigue siendo la misma: si el petróleo se mantiene por debajo de los 100 dólares e inicia una tendencia descendente, la cartera sigue como está; si no, activamos la respuesta defensiva que acabamos de describir.
